lunes, 4 de febrero de 2013

Salinas romanas de Iptucí


Las Salinas de Iptuci, en el término municipal de Prado del Rey (Cádiz), datan de la edad de bronce y actualmente son las últimas salinas de interior que se mantienen en funcionamiento. Los fenicios ampliaron su estructura para la conservación de alimentos a gran escala, la cual formaba la base económica de la antigua ciudad romana de Iptuci. A lo largo de los años estas salinas se han ido aprovechando, siendo su actividad documentada por primera vez en el s. XIV en el reinado de Alfonso XI. (fuente: Wikipedia)




Vista de la salina desde el manatial. Al fondo, el centro de almacenaje de sal y la tienda, donde por sólo 1 euro podremos hacernos con un kilo de sal gorda húmeda que yo ya estoy empleando en muchos de mis platos. En esta salina se produce también escamas de sal muy valoradas por los gastrónomos, y que son vendidas en exclusividad a los restaurantes de Martín Berasategui


Este es el manantial salino, de donde brota constantemente el agua salada que alimenta los cristalizadores. Tiene un diámetro de poco más de un metro y el nivel de sal es elevadísimo. El hierro proveniente del subsuelo tiñe de ocre el lecho del manantial  Como curiosidad cabe destacar que cualquier elemento que cae al agua (ramas, hojas, etc.) crea formas muy curiosas gracias a los cristales de sal y de yeso. En la propia salina, además de comprar sal, podemos adquirir algunas de estas figuras que se encuentran a la venta.

Vista del acueducto que transporta el agua desde el manantial hasta los cristalizadores. Hace poco los han reemplazado por conducciones más modernas, ya que las antiguas estaban muy deterioradas.



Esta gran balsa recibe el nombre de calentador y su misión es retener el agua e incrementar poco a poco la concentración de sal por evaporación. Al fondo se puede divisar el Cabezo de Hortales, que es donde se encuentran las ruinas del asentamiento romano de Iptucí.




En los cristalizadores, en forma de piscinas rectangulares de baja profundidad, se acumula el agua procedente de los calentadores que ya viene muy concentrada en sal. Finalmente, durante los meses de verano, cuando las condiciones de temperatura y humedad favorecen la evaporación del agua, comienza la cristalización y la formación de los sedimentos cristalinos, que se van extrayendo y amontonando en los espacios intermedios o calles de la salina.

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